divendres, 3 d’agost de 2007

Como una palabra tambalea una vida

De una broma insignificante habían vuelto a surgir esos pensamientos negativos y llenos de veneno que le volvían a la mente sin freno ni tregua. La hacían sentir-se tan pequeña, fea y insignificante que le dolían; era como volver a llevar de nuevo una piedra incrustada en el corazón. Paradójicamente sus oídos estaban llenos de palabras bellas y su cuerpo recibía las mejores carias que nunca había tenido con el fin de saciar el aroma amargo de su mente. Poco a poco su mente se fue calmando y su cuerpo lo agradeció. Y entendió que él era su antídoto para ese veneno que de tanto en tanto la asfixiaba.

1 comentari:

r ha dit...

sempre hi ha comentaris que et fan mal.
per sort, quan s'està bé, s'apren a canalitzar-los i fins i tot banalitzar-los. perquè no val la pena perdre el temps en tonteries que només fan dolor innecesari.
molt bo el post!!!!